La expresión viva del amor de Cristo en las realidades del mundo
«Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.» — Gaudium et Spes, n. 1
Fundamentos teológicos, principios y bases canónicas de la acción social de la Iglesia
Asistencial, Promocional, Transformadora, Ecológica y Construcción de Paz
Roles, alcances y responsabilidades desde la parroquia hasta la Iglesia universal
El «qué» y el «por qué» de la acción social de la Iglesia — el marco de referencia obligatorio para todo agente de pastoral
La Pastoral Social es la expresión viva y concreta de una Iglesia plenamente consciente de su misión de evangelizar las realidades sociales, económicas, culturales y políticas del mundo [Compendio DSI, n. 524]. Esta acción pastoral es una prolongación de la acción de Cristo, que vive y actúa resucitado en medio de sus discípulos, en la búsqueda de la liberación integral del hombre, constituyendo por su propia naturaleza un proceso eclesial en medio de las actividades seculares [Dir. PS México].
El kerygma tiene un contenido ineludiblemente social: en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros, siendo el contenido del primer anuncio una inmediata repercusión moral cuyo centro es la caridad [Evangelii Gaudium, n. 177].
La doctrina social dicta los criterios fundamentales de esta acción pastoral: anunciar el Evangelio; confrontar el mensaje evangélico con las realidades sociales; y proyectar acciones cuya finalidad sea la renovación de tales realidades, conformándolas a las exigencias de la moral cristiana [Compendio DSI, n. 526].
Elementos Teológicos, Pastorales y Antropológicos Fundantes
Toda la doctrina social de la Iglesia se desarrolla a partir del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana [Compendio DSI, n. 107]. La dignidad humana fue otorgada por Dios, herida por el pecado, y redimida por Jesucristo mediante su encarnación, muerte y resurrección. La persona es, y debe permanecer, el sujeto, el fundamento y el fin de la sociedad.
De la dignidad, unidad e igualdad de todas las personas deriva el principio del bien común. El bien común abarca el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a cada persona el logro más pleno de la propia perfección [Gaudium et Spes, n. 26]. Es indivisible y sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo.
Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos [Gaudium et Spes, n. 69]. La tradición cristiana nunca ha aceptado el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional [Populorum Progressio, n. 23].
Se debe reafirmar con toda su fuerza la opción preferencial por los pobres: es una forma especial de primacía en el ejercicio de la caridad cristiana que afecta nuestra responsabilidad social [Compendio DSI, n. 182]. Hacer oídos sordos al clamor de los pobres nos sitúa fuera de la voluntad del Padre [Evangelii Gaudium, n. 187].
No se puede quitar a los individuos lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo, ni quitarle a las comunidades menores lo que ellas pueden hacer para dárselo a una sociedad mayor [Quadragesimo Anno, n. 79]. La sociedad debe prestar ayuda (subsidium) pero nunca destruir la libre iniciativa y responsabilidad de las personas.
La solidaridad es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, porque todos somos verdaderamente responsables de todos [Sollicitudo Rei Socialis, n. 38]. Exige que las «estructuras de pecado» sean transformadas en «estructuras de solidaridad».
La caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia. Todas las responsabilidades y compromisos trazados por esta doctrina provienen de la caridad, que da verdadera sustancia a las macro-relaciones económicas y políticas [Caritas in Veritate, n. 2]. La caridad va más allá de la justicia, porque amar es dar; pero nunca carece de justicia, la cual es la primera vía de la caridad o su medida mínima. Junto al amor, los valores de la verdad, la libertad y la justicia constituyen los pilares que determinan la cualidad de toda acción e institución social [Compendio DSI, n. 197-205].
La misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social. La Iglesia no entra en cuestiones técnicas ni propone sistemas o modelos de organización social. No tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende mezclarse en la política de los Estados.
De su misión religiosa derivan funciones, luces y energías que sirven para consolidar la comunidad humana según la ley divina. Es de justicia que la Iglesia predique la fe con auténtica libertad, enseñe su doctrina social y dé su juicio moral cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas.
«La Pastoral Social no opera en la línea de un proyecto puramente temporal, sino como formación y orientación de las conciencias, por sus medios propios y específicos, para que la sociedad sea más justa.»
— Doctrina Social de la IglesiaEs de suma importancia distinguir netamente entre la acción que los cristianos llevan a cabo a título personal como ciudadanos de acuerdo con su conciencia cristiana, y la acción que realizan en nombre de la Iglesia en comunión con sus pastores. La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno; ambas, sin embargo, están al servicio de la vocación personal y social de los mismos hombres.
Mientras que a la Jerarquía le corresponde enseñar e interpretar auténticamente los principios morales, la acción directa en los sistemas políticos, económicos y en la sociedad civil es competencia de los laicos. A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Estas responsabilidades de naturaleza secular pertenecen a los fieles laicos, no a los sacerdotes ni a los religiosos.
El cristiano debe ver implicada su fe en las opciones políticas que asuma, sabiendo que la fe introduce en el ámbito político exigencias éticas ineludibles: la dignidad de la persona, el respeto a los pobres, la defensa de los débiles y la condena de los totalitarismos. El fiel laico no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas de la fe cristiana; su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, buscando estimular proyectos que realicen el bien común.
La acción de la caridad, la justicia y la Pastoral Social no queda relegada a la mera voluntariedad filantrópica, sino que está estructurada y exigida por la ley suprema de la Iglesia a través del Código de Derecho Canónico (CIC).
El «dónde» actuamos — A través del método evangélico de «ver, juzgar y actuar», la Pastoral Social abarca la totalidad de las necesidades y realidades humanas
Servicio de Misericordia y Caridad Directa
La primera labor que tradicionalmente aparece como expresión de caridad y servicio es la de las obras de asistencia, cuyo fin es aliviar el dolor, la miseria y la ignorancia de forma inmediata. Esta dimensión parte del imperativo absoluto de que quien se encuentra en una necesidad que lo hunde en la miseria tiene el estricto derecho a ser asistido: por justicia se da obligatoriamente, y por amor se da generosamente.
«La limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna; es también una práctica de justicia que agrada a Dios.»
— Compendio DSI, n. 184El Magisterio enseña que el amor de la Iglesia por los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas y se materializa mediante innumerables obras de misericordia corporales y espirituales. Sin embargo, esta asistencia no debe caer en el peligro de apagar la delicadeza del amor, midiendo la perfección del servicio únicamente por su calidad técnica o eficacia material, sin preguntarse si se lleva a cabo con amor.
La asistencia social debe abordar un amplio espectro de pobrezas tipificadas —pobreza extrema, discapacidad, adicciones, desocupación, reclusión y exclusión por la globalización— mediante programas que tengan como criterio principal el desarrollo básico de las personas, movilizando la solidaridad para despertar las capacidades de quienes son asistidos.
Desarrollo Humano Integral
Más allá de la asistencia inmediata, la Pastoral Social asume la tarea ineludible de la promoción humana, entendida como el paso, para cada uno y para todos, de condiciones de vida menos humanas a condiciones de vida más humanas.
«El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico, debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.»
— Populorum Progressio, n. 14; Caritas in Veritate, n. 11Esta dimensión busca despertar la conciencia social, fortalecer la capacidad de liderazgo y animar el surgimiento de procesos comunitarios que impulsen la inclusión de todos en el desarrollo de la comunidad local, nacional e internacional. La promoción implica despertar la conciencia del hombre en todas sus dimensiones y ayudarle a ser el protagonista y sujeto de su propio desarrollo, evitando radicalmente el paternalismo, la mera beneficencia o las desviaciones ideológicas.
A través de esta dimensión, las instituciones deben ponerse al servicio de la dignidad humana para asegurar las condiciones objetivas de igualdad y el acceso de todos a los bienes.
Incidencia en Estructuras y Búsqueda del Bien Común
La Pastoral Social asume plenamente la función profética de la Iglesia, la cual exige conocer la realidad en toda su complejidad para anunciar la paz y denunciar la injusticia. El gran obstáculo para la promoción integral del hombre no reside únicamente en los males individuales, sino, y sobre todo, en las estructuras injustas, inhumanas y opresivas, denominadas por el Magisterio como «estructuras de pecado» institucionalizadas.
«La política es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común.»
— Evangelii Gaudium, n. 205; Fratelli Tutti, n. 180El principio de solidaridad exige que estas «estructuras de pecado» sean superadas y transformadas en «estructuras de solidaridad», mediante la oportuna modificación de las leyes, reglas de mercado y ordenamientos jurídicos [Compendio DSI, n. 193]. La dimensión transformadora implica capacitar y organizar a los grupos sociales para incidir directamente en el cambio social.
«Si alguien ayuda a un anciano a cruzar un río, eso es exquisita caridad; el político le construye un puente, y eso también es caridad.»
— Fratelli Tutti, n. 186A la luz de Laudato Si' y la Ecología Integral
La comprensión contemporánea de la Pastoral Social incluye la salvaguardia absoluta de la Creación. El Magisterio establece que la tutela del medio ambiente constituye un desafío para la entera humanidad: se trata del deber, común y universal, de respetar un bien colectivo destinado a todos [Compendio DSI, n. 466].
«No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental.»
— Laudato Si', n. 139Las líneas de solución requieren una aproximación de «ecología integral» para combatir la pobreza, devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente cuidar la naturaleza. Se exige enfrentar la verdadera «deuda ecológica» que existe particularmente entre el Norte y el Sur, generada por desequilibrios comerciales y el uso desproporcionado de los recursos naturales.
El principio del destino universal de los bienes ofrece la orientación fundamental para deshacer el dramático nexo que une la crisis ambiental con la pobreza extrema de las poblaciones más vulnerables [Compendio DSI, n. 482].
Aceptación Fraterna y Recomposición del Tejido Social
En un mundo marcado por la desigualdad, el odio y el resentimiento, se hace imperioso rehabilitar a los sujetos individuales y colectivos para la convivencia. Esta dimensión busca la recomposición del tejido social, la resolución evangélica de los conflictos y la transformación de las relaciones, para que la competencia dé paso a la colaboración y la vida fraterna.
«La paz no se reduce a una simple ausencia de guerra fruto del equilibrio de fuerzas, sino que se construye día a día, en la instauración de un orden querido por Dios, que comporta una justicia más perfecta entre los hombres.»
— Gaudium et Spes, n. 78; Evangelii Gaudium, n. 219El diálogo persistente y corajudo es el instrumento vital en este proceso. El Magisterio exige cultivar una memoria penitencial y acercarse desde la verdad histórica. La misión de la Pastoral Social en esta dimensión es crear ambientes de encuentro que superen las divisiones y reconstruyan la fraternidad como base de toda sociedad justa.
De la parroquia a la Iglesia universal — estructura orgánica de la Pastoral Social
Es de suma importancia distinguir netamente entre la acción que los cristianos llevan a cabo a título personal como ciudadanos y la acción que realizan en nombre de la Iglesia en comunión con sus pastores. La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno.
La Iglesia respeta la legítima autonomía del orden democrático, no posee título alguno para expresar preferencias por una u otra solución institucional o constitucional, ni tiene la tarea de valorar los programas políticos, sino por sus implicaciones religiosas y morales.
A los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios. Estas responsabilidades de naturaleza secular pertenecen a los fieles laicos, no a los sacerdotes ni a los religiosos.
A los seglares les corresponde, con su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas, penetrar de espíritu cristiano la mentalidad, las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que viven. Su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, buscando estimular proyectos que realicen el bien común.
¿Quién hace qué? — Obligaciones respecto a la Pastoral Social según la enseñanza de la Iglesia
Repositorio de fuentes — Acceso directo a los documentos del Magisterio que fundamentan la Doctrina Social de la Iglesia
Biblia — Nueva Vulgata (Vatican.va)
CIC 1983 — Texto oficial (Vatican.va)
Doctrina Social de la Iglesia — Texto íntegro
Papa Francisco · 2013
Pablo VI · 1967
Benedicto XVI · 2009
Juan Pablo II · 1987
Papa Francisco · 2015
Papa Francisco · 2020
Concilio Vaticano II · 1965
Pío XI · 1931
Vatican.va — Sitio oficial
La CODIPAS brinda orientación, formación y acompañamiento a las parroquias y comunidades que desean organizar o fortalecer su acción de Pastoral Social, en fidelidad a la Doctrina Social de la Iglesia Católica.
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